Sigo sin entenderme. Sigo sin saber por qué de vez en cuando busco en los cajones más cerrados y llenos de polvo. Los abro y tras revolver mucho, encuentro esas fotos en forma de letras que no me hacen ningún bien. Solo consigo que durante minutos mi corazón sienta un punzón que le daña, le aprieta y no le permite respirar.
Es entonces cuando miro arriba y caen lágrimas a mi pecho. Parece como si de vez en cuando los hombres necesitáramos un estímulo para gritar. Para sacar esa rabia y creernos superiores. Pero lo piensas y te das cuenta que nada más lejos de la realidad.
Que somos débiles, que solemos tropezar con la misma piedra y que por muchos pasos que avances, siempre retrocedes en alguno.
Lo asumo, lo sufro y lo siento. Siento derramar mis mejores sentimentos en lagunas de barro. Esos que al moldearlos se secan y se aplastan. Y aunque siempre queden cenizas será imposible volver a reconstruirlos. Pero es entonces cuando crees eso que del barro venimos y en barro nos convertiremos.
Es entonces cuando recuperas esa normalidad. No ha pasado nada. Minutos que parecen siglos. Punzadas que percuten en aquella cicatriz cerrada. Secuelas, recuerdos, preguntas y la misma respuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario