No pinta buena época para el periodismo. O al menos no pinta, para los jóvenes universitarios que salen dispuestos a comerse el mundo. En el curso 2009-2010 tan solo se solicitaron 250 puestos de trabajo por parte de las empresas de comunicación a las universidades en los llamados Convenios de Cooperación Educativa. Es el peor dato en los últimos cuatro años y se agudiza así una crisis en el sector que cada día lleva a cierres de publicaciones, Eres en distintas empresas, reducción masiva de plantillas o de sueldos. Duro panorama repito, para los chavales que pagaríamos por dejar la carrera y poder dedicarnos desde ya a lo que nos apasiona.
Los únicos que tenemos suerte en eso de poder practicar, somos los que tenemos pueblo. Aunque muchas veces, no se si es bueno conocer los interiores de una profesión tan bonita por fuera y muchas veces horrorosa por dentro. Claro que hay que agradecer la oportunidad que se nos da a los que empezamos y más si lo podemos hacer en casa.
Pero lo malo de los pueblos y de ser joven, es que conoces un mundo de personas asentadas, sin pretensiones, sirvientes del poder establecido, pasadores de notas oficiales. En los medios públicos, los trabajadores son funcionarios que solo por eso, no mueven un dedo más de lo imprescindible, que no suele pasar de un informativo sirviente del gobierno y un programa de inauguraciones de parques y jardines. Si por el contrario estás en un medio supuestamente privado, corres el riesgo de no poder criticar nada, porque al que criticas es un empresario local que inserta mucha publicidad en el periódico, o es amigo del director. En resumen: aprendes mucho, sobretodo a frustrarte.