Siempre fui de lágrima facil. Nunca me costó reconocer que soy uno de esos hombres que lloran. Lloré con la separación de Heidi y su abuelo, con Marco y su madre, con Punky Brewster y Henry Warnimoon. Por supuesto que lloré con la muerte de Marcial en Médico de Familia. Lloré en victorias y sobretodo en derrotas del Real Madrid...lloré con pérdidas de seres queridos. Casi siempre asociamos la lágrima a lo triste. También he llorado de emoción, de alegría. A menudo al leer algo sobre mi tierra o sus gentes, me sale una gotita de mis ojos.
Luego están las lágrimas por desamor. Las noches en vela ocultando en la almohada tu tristeza. Consolándote con agua fria o con un pañuelo seco. Mirando por la ventana a un cielo sin estrellas. Con una luna solitaria con la que te comparas. Son lágrimas pesadas, porque nunca acaban. Y son lágrimas de las que luego reniegas.
Yo particularmente me niego a olvidar mis lágrimas. Me niego a ocultar que un día lloré. No quiero pensar que siempre he sido fuerte. Prefiero saber que los sentimientos siempre han dominado y por ello dominarán mi vida. Soy humano y siento y es verdad que padezco.
Y es en estas noches frias y oscuras en las que la fuerza me pone a prueba y me recuerda que un día lloré. Pero más lejos de querer olvidarlo o superarlo, me gusta recordarlo y por qué no, volver a llorar. Sentir de nuevo lo que un día sentí.
Hoy siento que soy más fuerte. También sé que sigo siendo igual de blando. Por eso sigo siendo yo. Y por eso me negaré a dejar de ser aquel hombre que llora por lo bueno y por lo malo. Me negaré a dejar de sentir y por tanto procuraré siempre vivir. Y con ello ser feliz. Buenas noches
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